viernes, 10 de agosto de 2012

Noches





La noche ya es profunda. El marco de la ventana retrata unas montañas bajo un cielo azabache sin luna. Mi mirada impenetrable se alza hacia el pico más alto. La mente divaga entre el humo azul de un cigarro. El corazón que sufre demasiado vuela libre. La dignidad cada vez más herida desea ver galopar lentamente sobre los lomos de una jaca a un salvador, un líder, un bandolero. Alguien que de agua a los sedientos y esperanza a los desesperados. Sin embargo, la inmensidad marrón continúa impertérrita y el cigarro ya no es más que ceniza. Mis labios entreabiertos susurran algo, mientras mis pestañas gimen desengaños.

Ciegos en la realidad





Necesidad. Miedo. Esfuerzo. Abandono. Ausencias. Cinco palabras que se deshojan de las letras para pasar a ser sentimientos reales y próximos. Cuándo nada queda de la grandilocuencia y magnitud imperante a principios de este siglo, cuándo los frutos vuelven a oler a podrido y los gusanos se deslizan por nuestra suerte, volvemos de nuevo al pasado. Retrocedemos a la generación de nuestros abuelos, nos aproximamos más pronto que tarde, con una opaca venda en los ojos, secuestrados de nuestro tiempo y trasladados a un mundo anterior, pero no pasado.

A tientas nos cuesta entender lo rápido que han cambiado las cosas que entendíamos por “normales”. Dando palos de ciego y sin querer reconocer aun que ya nada es lo mismo, intentamos adaptarnos a los resquicios que nos han dejado. Sin saber muy bien cómo repetimos los caminos sobre los que ellos caminaron. La lucha parece reducirse a saciar el hambre, conseguir tener comida para dejar atrás otro día y trabajar para poder tener el pan del siguiente. Nadie exige excesos ni avaricias, solo sobrevivir, mantener una familia y pagar la ruina con la que nos quieren aniquilar.



Necesidad. Miedo. Esfuerzo. Abandono. Ausencias. Cinco palabras latentes en las sienes de aquellos que partieron susurrando como Valderrama, con la dignidad bien alta y una maleta de cartón llena de recuerdos. ¿Quién pensó que nos podría tocar a nosotros? Qué esperaríamos en sombrías estaciones el partir de un autobús, la aglomeración en el trayecto y el llegar a lo desconocido con el miedo de lo nunca previsto. Quién lo pensó y ahora quién lo padece. Generación perdida, trabada y malherida. Generación cansada y poco decidida.

Próxima parada Francia. Un numeroso grupo de andaluces destinado a la campaña de recogida de manzanas acaba de arribar, podría titular un periódico cualquiera. No tendría tacto rugoso, ni amarillento el papel, estaría fechado con un actual dos mil doce. Volvemos, volvemos a sus campos. Seremos la misma carne de cañón que fueron nuestros abuelos, seremos trabajadores extranjeros que buscan su jornal, seremos… Lástima que no seremos, sino que ya somos. Nosotros somos la descendencia, la evolución y de nuevo la decadencia.

Sentados en los frescos escalones del patio de casa de mis abuelos, cuántas veces me ha narrado muy serio mi abuelo las penurias que pasó. Que al escuchar el Emigrante aun llora, porque aquellas ausencias no se saciaron jamás. Lo mal que lo pasaba mi madre cuándo cada septiembre veía irse a su padre, huella tan profunda que lleva cuarenta y cuatro años odiando el mes de septiembre. Le embriaga el mismo dolor que cuando tenía ocho años. Jamás pensé que lo que vivió él lo podría vivir yo. Lo admiro profundamente por dejar todo lo que dejó y ahora yo…



Necesidad. Miedo. Esfuerzo. Abandono. Ausencias. Cinco palabras que mi corazón palpitó de un golpe cuando desayunaba ayer. Entre café y tostadas la radio nos hablaba como cada mañana. La impasible voz de la locutora informaba que un numeroso grupo de andaluces destinado a la campaña de recogida de manzanas arribaría en los próximos días. Casi atragantadas con el café nos miramos y encontramos dolor en nuestros ojos. Pensamos en el abuelo y rezamos en voz baja que lo peor aun queda por llegar. La mujer continuaba, añadió que en algunos pueblos de la sierra de Cádiz (dónde están nuestros muertos y nuestros vivos) se han abierto bolsas de trabajo para la recogida de manzanas que actualmente tienen lista de espera por la desbordante demanda.

No hemos vuelto a hablar del tema. Enmudecemos, porque sabemos que pensamos lo mismo, cada una a su modo, pero lo mismo. Cada mañana dejamos la radio sonar mientras el olor a café y pan tostado nos despierta despacio, cada mañana un nuevo silencio, cada día más denso y menos comentarios. A veces exclamo algo insultante dirigido a algún bastardo. Otras silencio, caras inclinadas escrutando el contenido de la tostada, abandonando los sueños y las esperanzas a las ocho de la mañana.

María García
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lunes, 6 de agosto de 2012

Reflexiones de una volada




Nos abruma la materia, el que hacer de las personas y sus cosas. Nos asusta la realidad. Y nos condenamos al esperar de los sueños. Nadie huele ya la hierba y el viento que golpea en la cara duele en vez de avivar la mente. Las caricias ya no tienen dueño, ni la risa. La maldad mueve el mundo y el amor yace frío sobre una losa que no es de mármol. La soledad nos infunde temor ante la vida. La vida nos parece mentira y nos traiciona como un Judas invisible y divisible. Los matices inexistentes para unos y base moral para otros. Buscamos en voces viejas sonidos que nos hagan cabalgar sobre viejos ideales. En el presente solo encontramos la repetición de la miseria. En lo común la pobreza de la ignorancia y la falsa superioridad de la prepotencia. Las estrellas se apagan, muertas de aburrimiento. Ya no quedan parejas que las escruten. Los intereses se multiplican mientras el hambre aflora. El sentido pierde la vida, mientras la vida pierde el sentido. Somos la construcción de un pasado ejecutada en un presente. La maquinaria encasquillada de un reloj de un bolsillo roto. Billetes encabezan nuestros deseos. Mujeres lloran. Hombres derrochan palabras. Y silencios gritan a labios ebrios de deseo. Amor se exilió a acantilados profundos y rocosos. La nada se ha llenado de un todo espeso. El tiempo se para en unos ojos. Muchos piensan en un mañana sin saber si acabarán el hoy. La perfección se tropieza con una traba que dice llamarse imperfecta. Brilla el azul del cigarro que nos roba la roja pavesa que en ceniza acaba. Efímeros amantes no piensan en mañana. Casados saben que el ayer ya se acaba. Peligrosas mujeres esperan en cualquier sombra de esas que ejercen una atracción armada. Televisiones rezan y rezan bobadas. Borregos, gente, gente, borregos se presentan sin más explicación. Condesas destronadas. Obreras armadas con puños que no empuñan más que corazón. Largo historial de absurdos Che Guevaras. Y Fragas que no conocen la extinción. Si algo nos sobra son palabras sin ton ni son. Si poco nos queda, son uniones que nos evadan de la razón. 

María García
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jueves, 14 de junio de 2012

Sin identidad, pero sin miedo





Soy de la generación de españoles que ya no soporta más zancadillas. Estudiante de la educación pública, que ha pasado toda su vida viendo como la privada siempre gana. Desde la infancia se nos conciencia de ello. Cansina del esfuerzo y la tenacidad, hoy puedo decir que estudio una educación superior y me siento orgullosa. Desde cría he concebido la idea de realizar una carrera como una opción que aportaba prestigio y cuyos frutos y esfuerzos se materializaban y recompensaban. A día de hoy poco queda de esa concepción de la educación.

Con el afán de querer y no siempre poder nuestros padres pagan las matrículas de las universidades. Y digo “nuestros padres”, porque a nosotros, a los que nos consideráis “vagos y maleantes”, nos cierran todas las puertas que suponen recibir un salario. En esté país de pandereta o bien tienes un enchufe, o tienes que pasar por debajo de la mesa. Y parecerá crudo, pero es con lo que se ha encontrado una servidora.

La profesionalidad, la formación y la actitud son conceptos olvidados. La independencia, la ambición y el afán de superación simplemente inaccesibles. A cada paso encuentro jóvenes capaces, luchadores e incansables, que podrían levantar esta España de podridos cimientos. Gente que con esfuerzo han logrado ser lo que son, cuyas familias a base de sudor y lágrimas van ingresando los pagos de matrículas y tasas. Gente que ni luchando consigue nada, que ve como se le pasa la vida y nadie apuesta por ellos. Gente que vale y que se está haciendo vieja de callar tanta rabia y tanta impotencia.

Caminando por la calle sin saber qué va a ser de ti alzas la mirada y no es a Dios a quién ves, encuentras una bandera ondeando en un balcón. Tres colores que a más de uno ya no representan, pues el valor se ha perdido, ya no es más que un simple trozo de tela. Los encargados de que los ciudadanos sintamos la patria como resguardo han conseguido que el símbolo que nos unía no cause emoción, ni siquiera respeto. La rojigualda es el símbolo de lo que éramos, de lo que fuimos. Ahora no somos nada, no tenemos identidad, yo no soy nada, pero los que mandan tampoco. Pueden sentirse tan vasallos como me siento yo. Tan humillados como cuando a mi me cierran las puertas de un posible trabajo en mis narices. Pueden y deben sentirse escoria, porque a diferencia que yo, ellos reciben ingentes sueldos y tienen en sus manos las responsabilidades de un país.

No soy la única que no puede soportar esta situación, no sé quién leerá esto, pero puedo decir alto y claro que yo no nací para resignarme. Quizás otros muchos si lo hagan, sin embargo estoy 
completamente segura de que hay mucha gente que opina como yo.
Hace mucho aprendí que las palabras no sirven de nada, que se las lleva el viento, que las pisotean y las ensucian, que las manipulan y las engañan. No obstante no abandono hoy, ni tampoco lo haré mañana.

Nos comparan con Uganda y me gustaría recordar a todos aquellos que han luchado por los derechos individuales y colectivos en este país. No hay que olvidar la historia, ni tampoco tergiversarla, somos nietos de vencedores y vencidos, ¿Vamos a permitir que la situación se repita? ¿Permitiremos la destrucción para emprender de nuevo la reconstrucción, una nueva creación?

Mi religión es la supervivencia. Mis ganas las saco de lo común, de lo cercano, de la sonrisa de un niño que mañana será hombre. Mi fuerza del esfuerzo que mi familia hace a pesar de que cada día entra menos dinero en la casa. Pero, mi lucha es lo único que considero mio. Nace de mi cabeza y la llevo a cabo con mis manos. Todos tenemos cabeza y manos, por lo tanto todos estamos obligados a luchar por lo que creemos.

María García
@Libertad_gg



domingo, 10 de junio de 2012

Solo te pido R&R





En la mente un toca discos, una discoteca antigua y unos pantalones de campana, quizás flequillos o tupés tiesos de laca. Nada aislado, todos bailando entre las notas perdidas que vuelan y se mueven ávidas y locas. Pies que se confunden sobre una pista, luces rotantes giran y giran como las cabezas de los amantes. El escenario idóneo para una escuela de calor, dónde los muchachos de Radio Futura secuestran chicas. El lugar cercano a dónde en un Cadillac solitario un chico esperaba fumando un cigarro. Cubierta de música recordando que cualquier tiempo pasado fue mejor, como bien dijo Manrique. Esperando, cigarro colgando en la comisura de mis labios, a que de la máquina del tiempo que me transportó aparezca un muchacho que me pida bailar un Rock and Roll.


María García

martes, 1 de mayo de 2012

Ya no queda nada por lo que brindar






"La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora», pronunció August Spies segundos antes de que el nudo apretara la soga y su cuerpo resbalara hasta quedar balanceándose con el terrible baile de la muerte. Georg Engel, tipógrafo; Adolf Fischer, periodista;  Albert Parsons, periodista; y Louis Lingg, carpintero, encontraron el mismo sino. Al ritmo de la Marsellesa los hombres fueron encaminados hacia la horca la madrugada del 11 de noviembre de 1887. Una de las causas de la muerte de los cinco anarquistas fue el asesinato de un policía en la revuelta de Haymarket. Sin embargo, el asesinato fue causado por el propio jefe de la policía. Todo fue un boicot para acabar con los activistas, que reivindicaban derechos laborales, como la reducción de jornada a ocho horas.

El crimen de Chicago supuso una de las primeras acciones mortales que se utilizaron para infundir el miedo en los trabajadores. El miedo hoy corre por las venas  sin control ni solución.
Huelgas en las que se luchó por un presente mejor, más aun por un futuro decente. A pesar de los golpes, de las muertes, de los encarcelamientos. A pesar de todo y de todos se luchó por trabajar. En la actualidad, hay poco que contar dadas las cifras de paro, el desempleo juvenil y un sin fin de estadísticas que se precipitan por el abismo oscuro de las listas del INEM. No obstante, hay que añadir las nuevas reformas realizadas por el Gobierno que nos afectan desde el ámbito laboral hasta el personal, pasando por el moral. Pronto las huelgas serán penadas, el derecho a reivindicar cambios se asociará con el terrorismo y las ansias de progresos quedarán reducidas a calabozos llenos de ciudadanos, de trabajadores. Desde 1812 se proclama como derecho fundamental el trabajo, ese que se nos niega hoy, el mismo que se adjudica a dedo, el que nos hace merecedores de un sueldo. Principalmente el que se extingue y nos deja pendientes de un hilo.

Hoy, día 1 de mayo de 2012 celebramos el Día Internacional de los Trabajadores, aprobado en 1889 en París, para homenajear y reivindicar el derecho al trabajo tal y como lo hicieron los Mártires de Chicago. Pero, esta celebración en la actualidad se ha convertido en una utópica ilusión pues el trabajo es un bien escaso que queda fuera del alcance de una mayoría más amplia de lo que debería. Viendo como los sindicatos juegan con el pueblo, como los Gobiernos en contra de ampliar sus esfuerzos por crear empleo, lo destruyen y se amenaza con coartar las libertades individuales, queda totalmente desvirtuado este día. Ante este panorama más de un español en lugar de desear descansar como festivo que es, deseará emprender el día para ir a trabajar. Ya que hoy “celebramos” algo que nuestros gobernantes están degradando. Deberíamos plantearnos proponer un cambio de nombre y en vez de ser el Día de San José Obrero, ser el Día del Pobre en cueros.

Las palabras de August Spies resonaron en una parte del futuro que ya cuenta como pasado, en la actualidad habría que modificar el viejo lema comunista y transformarlo en ¡Trabajadores de todos los países, uníos!

María García
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domingo, 29 de abril de 2012

La luz eclipsada de la fotografía bélica




Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. No hay mejor frase para describir la situación de Gerta Pohorylle. Astuta compañera del proyecto de fotógrafo que en aquel entonces era André Friedman. Se conocieron en París en 1934 y a partir de ahí fue él quién la instruyó en el mundo de la fotografía. Juntos idearon cambiar sus nombres para hacerse pasar por ayudantes de un ficticio Robert Capa, afamado fotógrafo estadounidense que llegó a Europa. En aquel momento de ebullición histórica nació Gerda Taro. A partir de ese momento los encargos se incrementaron hasta que se descubrió la trama; sin embargo, conservaron la fama. 

En cuanto a su trayectoria profesional se inicia en el período de 1935-1936 cuando trabajó para la Agencia Alliance Photo. Pero en este último año coincidiendo con el estallido de la Guerra Civil española consiguió su primer carnet de prensa. Ante el conflicto en el país vecino emprendieron su primer viaje en apoyo a la lucha del bando republicano.
La joven encontró la fortuna y la desgracia en la península. El éxito que inestable se encuentra en un campo de batalla. También la trayectoria casi imperceptible de una de las primeras foto-periodistas que demostraron su valía entre bombas y disparos, entre tanques y aviones. Su reportaje más glorioso, sobre la primera fase de la batalla de Brunete, se publicó en la revista Regards generándole un gran prestigio.

Murió con la cámara en la mano mientras viajaba al estribo del coche del General Walter, miembro de las Brigadas Internacionales. En pleno repliegue del ejército republicano el convoy se desestabilizó produciendo la caída de la chica. Sin embargo, la brutalidad del accidente la causó un tanque republicano que accedió marcha atrás sobre el desnivel al que había caído Taro. La joven de 26 años fue arrollada por las cadenas del carro de combate que destriparon su frágil cuerpo. La madrugada del 26 de julio de 1937 falleció en el Hospital inglés de El Goloso, situado en El Escorial. Momento en el que su dinamismo nato se diluyó como se pierden las fotos en las que incide la luz mientras se crean. Ella, como las fotografías en pleno proceso de revelado, se estaba creando, creciendo; sin embargo, en su caso no fue un limpio rayo de sol el que la atravesó sino la ferocidad del conflicto. 

La “pequeña y hermosa mujer” como la llamaban en el frente se podría describir como una persona sujeta a la premura bélica, la muerte brutal y el olvido precoz. Muchos de sus trabajos fueron asociados a Capa, sin embargo ambos utilizaban diferente tipo de cámaras que hacían distintas sus fotografías. Como una miliciana más fue rápidamente olvidada mientras Friedman elevaba la gloria que se consigue entre las sombras ocultas en las esquinas de las guerras.

Llevó su revolución propia a la batalla de Brunete dónde su sangre manchó el último suspiro de realidad que intentó inmortalizar.

María García
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miércoles, 18 de abril de 2012

Compre mientras lee




Una vez más es necesario recordar que las tres pes, nos gusten o no, son necesarias, y yo diría que indispensables en toda sociedad - unas más que otras si que es verdad, pensarán -. Los tres famosos oficios de ese dicho que dice: “Putas, policías y periodistas”. Recalco que los terceros son la clave que encaja en el centro del arco, que es la sociedad. La dovela que mayor valor y responsabilidad posee, pues ¿qué sería del mundo sin comunicación, sin información? Seríamos esclavos de una verdad que celaría por completo nuestra posibilidad de avanzar dentro de la caverna, aquella en cuyo principio la hoguera aguarda, dónde las ideas reales pueblan el exterior y los hombres abandonan las sombras eternas que turban la razón. Esto ya lo dijo hace bastante tiempo un señor que decía ser filósofo y se hacía llamar Platón. Y no le faltaba razón, sin embargo actualmente el periodismo, columna vertebral del mundo, se encuentra nublado por la carencia de importancia a la que se enfrenta. No solo hablamos de que el formato tradicional lleva algún tiempo fallando ni de que los profesionales esperen sentados en sus casas a que alguien les contrate. Esto último deriva del problema fundamental que es la financiación de los medios de comunicación. Y no es comprensible que un arma tan valioso y, mejor dicho, poderoso esté en manos de empresas privadas que lejos de ser del ámbito de la comunicación abarquen de todo más esto. Además, unámosle el medio casi total de recaudación de capital, la publicidad. Es está la culpable de que cada mañana al abrir el periódico sienta repulsión y ganas de volver a cerrarlo al presenciar semejante variedad de anuncios. Porque eso si, variedad no falta. En un periódico como El País catalogado como prensa de referencia a nivel mundial podemos encontrar desde bodegas, a agencias de viajes, pasando por coches y bancos… Un surtido con lo “mejorcito” del mercado empresarial del panorama. Ante semejante espectáculo continúo página a página con la esperanza de ver una llena de letras pequeñitas, lo que supone que algo de periodismo puedo encontrar. Insatisfecha con la financiación de las empresas en las que sueño trabajar, no me queda más remedio que escribir estás letras que de nada valdrán. Pero al menos me ayudarán a recordar que queda mucho por lograr, y que mejor que comenzar por el principio en vez de por el final como parece que se prefiere en la actualidad.

María García
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jueves, 12 de abril de 2012

Sobreviviendo que no es poco



“No los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la tierra callada, el trabajo y el sudor”*, escribió con tinta de historia el poeta del pueblo y cantaron años más tarde las armoniosas voces de Jarcha. Una verdad tan marcada como los hundidos surcos de quienes llevan siglos labrando los terrones más áridos. La privilegiada localización del país junto con la variedad climática que encontramos nos ha guiado desde siempre por el sendero del sector primario, unido más tarde a la tardía llegada de la industrialización y los avances técnicos necesarios para desarrollar el resto de sectores. De ese modo la historia de España se ha desarrollado tradicionalmente entre olivos, naranjos y vid. El campo, no solo como recurso para lograr un salario sino como una forma de vida, incluyendo la cultura de un pueblo. Sobre la tierra que  un día nos lo dio todo hoy escupimos nuestra egoísta arrogancia.

Sobrevivientes de una labor creada a base de esfuerzo, sudor y lágrimas. Aguantaron los condicionantes del clima, a los hombres que impusieron el yugo y ahora incluso soportan los insultos de gobernantes que por envidia acusan a los jornaleros de gastar las subvenciones estatales en las tascas. El sector olvidado tiembla y se hunde en la miseria casi regalando las mercancías, mientras ve como las cadenas de supermercados venden sus frutos quintuplicando los precios que ellos reciben. El pez grande se come al pequeño, pero si el pequeño desaparece, ¿de qué se alimenta el grande?

Se trata de una reflexión que entra en un círculo vicioso donde los principales protagonistas son la injusticia y el retroceso, sobre todo esté que nos conduce cada vez más a los inicios del siglo XX. Y todo esto viene dado por un hecho que he presenciado este mediodía. Viajaba en coche y me llamó la curiosidad ver en el arcén un furgón policial y varios coches patrulla. A mi cabeza vino la imagen de que habría ocurrido algún choque entre vehículos, pero conforme agudizaba la vista me di cuenta de que me equivocaba. Hoy, el señor que siempre aguarda sentado sobre una caja de plástico custodiando diferentes sacos de patatas o naranjas no reposaba al sol. Varios policías descargaban de la pequeña furgoneta del hombre uno a uno los sacos que el agricultor almacenaba. La escena era estremecedora. No sé cómo ha acabado la situación, tan solo sé que si ese hombre se sienta en una cuneta a diario para ganar un mísero jornal con la fruta de su campo no es porque le guste tomar el sol o respirar los gases de los coches que pasan. Seguramente sea porque más remedio no le queda. Sin embargo, es a él al que le han incautado su mercancía, quién sabe si de ella dependía el pan de su familia.

Mañana no estará, pasado mañana tampoco, quizás. Mientras tanto altos mandatarios ven el mundo pasar tras una ventana que nunca se ha abierto para comprobar lo que aguarda tras el tintado cristal, que vela la realidad de un sector que se ve en cunetas para lograr vender algo de lo que produce. El sudor que mancha ajadas camisas de labriego se ensucia con saña, humillando a quiénes nos dan de comer. El poder entre tanto si se ve abrumado por las presiones propias del oficio tira de la dama blanca que para eso invita el Estado. Pero otros, como el hombre de la cuneta, llegan a casa sin dinero, sin mercancía y sin dignidad, porque ni lo más abstracto y propio nos queda.

* Extracto del poema "Aceituneros de Jaen" de Miguel Hernández

María García 
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lunes, 19 de marzo de 2012

La eterna desesperanza de los herederos sin solución



Si tuviera que pensar en el sector que más sufre los efectos de los poderes dominantes, siempre pensaría en la infancia. La población civil engloba a otros grupos débiles, pero, en mi opinión, son los niños los que se alzan en la cúspide del horror. Desde antes de nacer ya se les ofrece un “futuro”, que les determina en función del papel que ocupen sus familias en el conflicto.

En medio de una guerra, ¿qué es un niño? O bien, carne de cañón o francotirador precoz. Pocos se salen de esa vulgar clasificación de la que difícilmente se puede escapar. Es triste que en un conflicto bélico en vez de dar a luz hijos de la paz se alimente a nietos de Marte. Pues de eso se trata, continuar la lucha que enriquece a unos pocos y masacra a los pueblos. Si al menos se luchara bajo un fin… ¿Existe algún fin que supere tal desesperanza? Pero los objetivos en guerras de hermanos, como son las civiles, en muchos casos no son más que conflictos creados por el yugo de occidente o por las ambiciosas escusas del que se nombra cabecilla de un pueblo, un buen ejemplo podría ser la actuación de  Laurent Gbago,  expresidente de Costa de Marfil. 

Pensar en África supone imaginar desde fuera los conflictos que se postergan a través del tiempo, esos que no ocupan páginas en los periódicos, esos que son sustituidos por las políticas americanas. Los hechos no cambian, las perspectivas de informar sobre ellos van a peor. Los diarios generalistas ignoran la presencia de una realidad que a pocos interesa, sale cara y no presenta demasiados modificantes. En tiempos de crisis dónde se apuesta por informaciones facilonas y poco costosas, los corresponsales se ven enjaulados en las redacciones. Lejos quedaron aquellos días dónde se abordaban los hechos in situ, la cercanía de unos ojos que te cuentan más de lo que cabe en las páginas, esto traducido a la mentalidad capitalista supone profesionales que cobran por un trabajo eficaz y sacrificado. En último término son costes económicos que a día de hoy no se pueden o no se quieren sufragar. Se trata de una economía de mercado a bajo coste y máximo esfuerzo. Quizás no estamos tan lejos de África en algunos aspectos.

El papel de los medios de comunicación es determinante en la sociedad, la amplitud de estos supone que los sucesos lleguen a todo el mundo. Es curioso cómo a medida que el desarrollo tecnológico se incrementa, la información de desvalúa. A la inversa de lo que se esperaba. Cuesta pensar que hace veinte años los frentes se conocieran con mayor exactitud y  en la actualidad, a pesar del aluvión de posibilidades para transmitir, no se les da a penas espacio en la sección de Internacional.

Llama tremendamente la atención el pensamiento que en los países subdesarrollados tiene la infancia, sobre todo, del resto del mundo. Creo que el siguiente fragmento extraído de la experiencia profesional del fotoperiodista Gervasio Sánchez lo indica a la perfección.

* [“Un día un niño en Morazán me preguntó con qué país estaba en guerra el mío, y al responderle que con ninguno, me dijo extrañado ¿y cómo es un país sin guerra?”]

Quiero terminar con una frase que repetía a menudo un buen profesor mío, decía: “Tenemos que estar agradecidos a quién consideró que naciéramos en está parte del mundo, porque tal vez su elección sobre nosotros por un momento fue la contraria”.

La cara oculta se hereda, es casi genética. La historia no debería perdonar a los vencedores de este mundo, sino aleccionarlos y hacerlos vivir de igual forma. La madre Tierra debería ser más jueza y menos espectadora.

* Extraído del artículo sobre Gervasio Sánchez del periódico El País. Más información: http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/06/actualidad/1331035501_667269.html


María García
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